lunes, 15 de noviembre de 2010

Cómo contar un cuento según Mark Twain

 Mark Twain fue un estupendo escritor y conferenciante. Después de leer su autobiografía (editada por Espasa en 2003) y algunos ensayos, entran unas enormes ganas de viajar en el tiempo y asistir a sus multitudinarias conferencias, esas con las que recorrió no sólo EEUU sino medio mundo. Como ocurre con algunos escritores que también narraron oralmente, cuando habla de narración oral concede a ésta su dignidad artística. Twain sabe de lo que habla: fue su actividad como orador profesional y exitoso la que en varias ocasiones le salvó de la ruina económica. Encontré en la librería Antígona, de Zaragoza, (una libreria absolutamente recomendable) una edición bilingüe de Cómo contar un cuento, de la Editorial Langre. El ensayo que da nombre al volumen es un ejemplo de su respeto por el arte de contar historias. En él se refiere a contar cuentos oralmente, y habla específicamente sobre el cuento humorístico, en su opinión, el más difícil. Llama cuento humorístico a aquel cuyo efecto estriba en el modo de contarlo y no en el asunto, y lo diferencia del cómico y del ingenioso.

“El cuento humorístico es en realidad una obra de arte, arte elevado y sutil, y sólo un artista es capaz de contarlo; sin embargo no se precisa ningún tipo de arte para contar ni los cuentos cómicos, ni los ingeniosos: cualquiera puede hacerlo.”

Twain pone el acento en los aspectos de la narración oral que la diferencian de la escritura, valora más la interpretación, la relación del que habla con lo que dice y con aquellos a quienes habla, que el texto. Aspectos estos que, para mí, son la esencia del estilo de un narrador o una narradora. Las claves del cuento humorístico como creación americana, (pues eso piensa) están en

1. La seriedad del que habla y el ocultamiento de la gracia

2. “Ensartar incongruencias y disparates de modo errático y a veces sin objeto, y aparentar cándidamente no tener conciencia de que son disparates”

3. Dejar caer un comentario calculado como si se estuviera pensando en voz alta.

4. Usar adecuadamente la pausa, de la que dice es “algo exquisito y delicado, y al tiempo poco seguro y engañoso; porque debe tener la extensión exacta, ni más ni menos, o, de lo contrario, no cumple su objetivo y produce trastornos”

El modo, es pues, la clave. O dicho de otra forma, está en la actuación, en la manera, ese arte elevado y sutil del que nos habla. El cómo es esencial y forma parte de la historia. Ese cómo efímero, que no está hecho de palabras sino de miradas, gestos, silencios, intenciones, titubeos, entonaciones, temblores y hasta de las equivocaciones particulares de cada quién. Dan ganas después de leer a Twain de escucharle, a él y a sus compañeros: Artemus Ward, James Whitcomb Riley, Petroleum Nasby, George Cable (con él en la foto)… Artistas olvidados porque su arte, que es el nuestro, se escribe en el aire.
Magda                                                                                            
                                                                                                                                   

4 comentarios:

  1. Ya no tan olvidados, gracias a vosotras. ¡Un saludo desde Las Rozas!

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  2. Gracias Eugenio. Es estupendo saberse leída. Un saludo desde Madrid, al otro lado del río.

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  3. Bellezas, gracias por la recomendación. Busquemos un ratito de buen palique. Un beso

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  4. Trato hecho. ¿Te pasas por el Maratón de Guadalajara este año?
    Un besote,
    Magda

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